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<title>Estética - Nº 012</title>
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<subtitle>enero - junio 2008</subtitle>
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<updated>2026-05-07T01:29:40Z</updated>
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<title>Índice acumulado</title>
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<updated>2018-03-15T01:11:53Z</updated>
<published>2009-07-21T20:48:04Z</published>
<summary type="text">Índice acumulado
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<dc:date>2009-07-21T20:48:04Z</dc:date>
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<title>Poética y pensar: Nietzsche precursor de Heidegger</title>
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<name>De la Vega Visbal, Marta</name>
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<updated>2018-03-15T01:11:52Z</updated>
<published>2009-07-21T20:43:10Z</published>
<summary type="text">Poética y pensar: Nietzsche precursor de Heidegger
De la Vega Visbal, Marta
Este artículo tiene 4 partes: La introducción enmarca la experiencia del pensar como la plantea Heidegger en su filosofía y analiza los esfuerzos de Nietzsche por poner en tela de juicio el modo del pensar propio de la metafísica, que ha conducido al nihilismo. En segundo lugar, se busca delimitar qué significa la razón como modalidad dominante del pensar metafísico en Occidente, cuya crítica radical emprende Nietzsche. En tercer lugar, se analiza el planteamiento filosófico de Nietzsche del pensar como invención, como ficción necesaria para aprehender el Ser como Devenir, en función de las necesidades ancladas a la Vida, que es Voluntad de Poder. Por último, para confrontar exitosamente el dominio hegemónico de la razón, y rescatar del pensar su quehacer creador, superar la metafísica, es decir, el pensar racional, Heidegger va a definir el ser humano, no como ser racional sino como Da-sein, comprender la verdad como aletheia, desocultación, y rescatar la cuestión del Ser desde la Poética, como Producción Creadora; como antes, en la dirección pionera esbozada por Nietzsche, cuando éste propuso hacer del pensar, la fuerza que inventa, configura y estimula en forma ascendente la vida.
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<dc:date>2009-07-21T20:43:10Z</dc:date>
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<title>Cesare Brandi: astanza y semiosis</title>
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<name>Noriega, Simón</name>
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<updated>2018-03-15T01:11:51Z</updated>
<published>2009-07-21T20:37:14Z</published>
<summary type="text">Cesare Brandi: astanza y semiosis
Noriega, Simón
El objeto de esta ponencia es poner de relieve la concepción del arte de Cesare Brandi como realidad pura, y sus argumentos 
sobre las dificultades de una lectura semiótica de la obra de arte. Admite que una lectura semiótica de la obra de arte es 
lícita, pero extrínseca a la fundamentalidad de la obra. Considera que una obra de arte puede contener uno o más mensajes, pero de manera colateral, dado que la esencia de la obra de arte no es transmitir mensajes, sino la de darse en presencia (stante).
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<dc:date>2009-07-21T20:37:14Z</dc:date>
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<title>La obra de arte: una polis suspendida, en suspenso</title>
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<name>Pinardi, Sandra</name>
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<updated>2018-03-15T01:11:50Z</updated>
<published>2009-07-21T20:29:31Z</published>
<summary type="text">La obra de arte: una polis suspendida, en suspenso
Pinardi, Sandra
Esta presentación intenta mostrar, desde la lectura de las lecciones sobre Parménides de Heidegger, el vínculo originario que existe entre polis y obra de arte, entre política y estética. A partir del conflicto esencial que se da entre el desocultamiento y el doble ocultamiento, desde el que acontece la verdad como mundo histórico y morada del hombre, se 
muestra cómo lo estético y lo político se encuentran anclados en lo propiamente “humano” del hombre, tanto en sus posibilidades como en sus impotencias, como condición constructiva y limitación, en su libertad y dependencias. Tanto las obras de arte como la polis, son siempre un “evento” irreductible en el que el hombre se abre a algo otro, en el que se ubica “fuera” de sí, en el que se encuentra siendo “entre otros” y “para otros”. Este vínculo podemos expresarlo afirmando que la obra de arte (la estética) es una polis (una política) suspendida o en suspenso.
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<dc:date>2009-07-21T20:29:31Z</dc:date>
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<title>Nietzsche y Gadamer: encuentros y desencuentros</title>
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<name>Bracho, Luís Alberto</name>
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<updated>2018-03-15T01:11:49Z</updated>
<published>2009-07-21T20:17:48Z</published>
<summary type="text">Nietzsche y Gadamer: encuentros y desencuentros
Bracho, Luís Alberto
Generalmente se entiende la estética como una reflexión sobre la conducta sentimental del hombre respecto de lo bello. La estética conforma el espacio en el cual se fundamenta el arte. De acuerdo con ello, Gadamer y Nietzsche tienen sus encuentros y diferencias. Para Gadamer, el juego es el fundamento de la estética, se remite al modo de ser de la obra de arte y consolida su “verdad ontológica” a partir de la experiencia del arte, por ello, el juego es el elemento que permite que la obra de arte alcance al que la experimenta en forma de representación. De igual modo, Gadamer piensa 
epistemológicamente el arte, pues le parece que es conocimiento; el acercamiento con la “verdad ontológica” de la obra promueve un goce estético, es decir, el goce del conocimiento. Es entonces cuando vivir el modo de ser de la obra de arte produce un conocimiento que implica la verdad como interpretación. Para Nietzsche, la estética surge del fondo de la existencia, la vida se justifica estéticamente. Nietzsche piensa que la pugna entre lo apolíneo y dionisiaco muestra el vínculo entre el arte y la existencia, el cual se revela en la relación de la estética y el sentimiento trágico de la vida. Es así como la vida se afirma en su devenir como obra de arte, en este sentido, el arte es concebido como una forma de la 
voluntad de poder, y el arte y la vida deben comprenderse desde el “ser artista”. El punto de encuentro entre Gadamer y Nietzsche consiste en que en la “verdad ontológica” se asoma la autonomía de la obra y el ser artístico, ambos reconocen también tanto el creador como la obra en el proceso de interpretación. Sus concepciones estéticas coinciden, pues, en un aspecto fundamental: el ser estético.
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<dc:date>2009-07-21T20:17:48Z</dc:date>
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<title>Delimitación del significado de la muerte y la importancia de su anticipación en Heidegger</title>
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<name>Castillo, John</name>
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<updated>2018-03-15T01:11:49Z</updated>
<published>2009-07-21T20:05:03Z</published>
<summary type="text">Delimitación del significado de la muerte y la importancia de su anticipación en Heidegger
Castillo, John
El ser-para-la muerte heideggeriano, obedece a la estructuración de lo que el filosofo alemán denomina la existencia auténtica, diferenciándola de la existencia inauténtica o ausente, sin por ello darle connotaciones éticas al tema, sino proponiendo en el Dasein una apertura comprensiva que también involucre la afectividad, a través de la conciencia que reconoce su caída y decide considerando la cantidad indeterminada de posibilidades onticas que este tiene ya en cada evento y, que le son propias al estar en y con-el-mundo, en la facticidad, todo lo cual se encuentra imbricado con el estar en 
cuenta de lo que está al otro lado de su existencia, la nada, que sobreviene con la muerte.
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<dc:date>2009-07-21T20:05:03Z</dc:date>
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<title>Nietzsche, el arte como voluntad de ser</title>
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<name>D'Arago, Theowald</name>
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<updated>2018-03-15T01:11:48Z</updated>
<published>2009-07-21T19:54:40Z</published>
<summary type="text">Nietzsche, el arte como voluntad de ser
D'Arago, Theowald
La voluntad de ser pensada por Nietzsche es una expresión de la afirmación, de la creación de la vida fuera de todo límite 
metafísico; se vale de uno de sus fundamentos, el eterno retorno de lo mismo, que es el eterno retorno de lo que se afirma, 
pues con ello afirma también al hombre. La voluntad nietzscheana consiste en querer querer, en crear y dar. De allí que el Dasein sea una apertura ontológica, un proyecto. De igual manera lo es el arte, pues está en constante renovación recibiendo y otorgando significados a partir de nosotros mismos. Por otro lado, Heidegger sugiere una lucha entre el hacer material de la obra: el cuadro, la escultura y sus materiales, etc., y la mundanidad, la emisión y recepción que manifiesta la obra de arte mediante el artista o, en otras palabras, del espíritu del artista a través de la obra. Para él, la obra de arte es creación, la creación es la verdad, la verdad es la poesía y la poesía es verdad. Tanto Nietzsche como Heidegger tienen una concepción metafísica y divina del arte a partir de su pesimismo y su percepción moderna y contemporánea en el que se maneja el hombre, es decir, el sujeto.
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<dc:date>2009-07-21T19:54:40Z</dc:date>
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<title>Sujeto, ficción y dolor en Friedrich Nietzsche</title>
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<name>Arrocha González, Ruperto</name>
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<updated>2018-03-15T01:11:47Z</updated>
<published>2009-07-21T19:42:53Z</published>
<summary type="text">Sujeto, ficción y dolor en Friedrich Nietzsche
Arrocha González, Ruperto
En estas páginas pretendo llevar a cabo un estudio del pensamiento de Nietzsche con relación al problema del conocimiento y la verdad, cuestión que ha sido considerada el núcleo filosófico de su producción teórica. Trataremos pues de la verdad como lo que realmente (verdaderamente) es, como aquello que Heidegger denominó “verdad del ser”. Esta verdad originaria del ser apunta, en el planteamiento de Nietzsche, al caos, al devenir irracional sin sentido. Esta verdad remite a la violencia, injusticia e irracionalidad constituyentes de lo histórico y disuelve la pretensión del presente de ser la identidad de realidad y razón. Es en esta última perspectiva, donde se centra el interés de este análisis, porque sin conformarnos con el interés específico del problema epistémico (del conócete a ti mismo), pasaremos al tratamiento, por llamarlo de algún modo, del sujeto-cuerpo como experiencia de placer y dolor (al cuidado de sí mismo). La tesis principal que voy a sostener es que la modernidad nos ha robado en buena medida nuestra propia experiencia del cuerpo y, por extensión, del dolor y del sufrimiento. Si el pensamiento clásico nos presenta un dualismo original en el que el alma se opone a su cuerpo (res 
extensa), la modernidad tardía radicaliza este dualismo original haciendo del cuerpo una abstracción o mejor una ficción.
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<dc:date>2009-07-21T19:42:53Z</dc:date>
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<title>Nietzsche y Heidegger y el concepto ampliado de arte y estética</title>
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<name>Navia, Mauricio</name>
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<updated>2018-03-15T01:11:47Z</updated>
<published>2009-07-21T19:34:42Z</published>
<summary type="text">Nietzsche y Heidegger y el concepto ampliado de arte y estética
Navia, Mauricio
En la estética contemporánea ha sido determinante la influencia de Nietzsche y Heidegger debido a su amplia óptica del 
concepto de arte, del artista, de la obra de arte, de la creación artística, de sus espacios e incluso del espectador-crítico. En líneas generales, parte del objeto del pensamiento de estos filósofos se vuelca sobre la representación. Además de ampliar el concepto de estética, le han conferido una particular dimensión ontológica, pues la 
tradición moderna la había situado en el Gran Arte universal y clásico. En este sentido, para Nietzsche la realidad se representa artísticamente a partir de una pulsión apolínea, del principium individuationis en el mundo de la apariencia a través del hombre-artista. Toda ciencia y toda realidad son producidas poiéticamente por una tendencia artística humana y es arte todo aquello que sea producido por el hombre. De este modo se amplía el concepto de arte a la vida al devenir, al ser mismo, es decir a la óptica dionisiaca en función de la existencia como juego inocente. Por su lado, Heidegger atisba estos alcances filosóficos al afirmar que el arte es la forma más clara de la voluntad de poder, el cual debe entenderse desde el artista. El arte es la eventualidad fundamental de todo ente y el ente es algo que se crea a sí mismo, el arte es el 
contramovimiento del nihilismo y vale más que la verdad. Todas estas implicaciones desencadenaron distintas visiones de la 
estética, tales como la deconstrucción y la hermenéutica, e impulsaron el arte contemporáneo.
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<dc:date>2009-07-21T19:34:42Z</dc:date>
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<title>Heidegger: ¿corrector de Nietzsche? O Nietzsche: ¿el incorregible?</title>
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<name>Alzuru Aponte, Jonatan</name>
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<updated>2018-03-15T01:11:46Z</updated>
<published>2009-07-21T19:26:16Z</published>
<summary type="text">Heidegger: ¿corrector de Nietzsche? O Nietzsche: ¿el incorregible?
Alzuru Aponte, Jonatan
Como filósofo-artista, Nietzsche escribe de manera muy particular al expresar su pensamiento si se le compara con la típica 
prolijidad del discurso de un filósofo. En ese sentido, Heidegger, como intérprete e interlocutor de Nietzsche, desglosa sus 
palabras de una manera muy clara y evidente sin la profusión de sus proposiciones. Sobretodo al extraer y explicar los cinco 
fundamentos de la metafísica de Nietzsche: voluntad de poder, eterno retorno de lo mismo, nihilismo, superhombre y la justicia los cuales se interrelacionan unos con otros. Heidegger también piensa el ser y lo considera una generalización de la vida como totalidad, aunque insiste en que la noción fundamental es el ser y no la vida; indaga en la metafísica nietzscheana y la entiende a partir del poder del ente y la verdad del ser. Escudriña en su pensamiento del engaño, en su metafísica de la voluntad de apariencia y la plasma finamente. Articula la cosa pensada por Nietzsche, lo que predica el ser; explica su estética, la voluntad de poder como arte o la vida como arte (la vida como acontecer), pues la voluntad de poder es el carácter fundamental de la vida.
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<dc:date>2009-07-21T19:26:16Z</dc:date>
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<title>Verdad y nihilismo en Nietzsche o qué se puede esperar hoy del arte y los artistas</title>
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<name>Zúñiga García, José Francisco</name>
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<updated>2018-03-15T01:11:45Z</updated>
<published>2009-07-21T19:15:34Z</published>
<summary type="text">Verdad y nihilismo en Nietzsche o qué se puede esperar hoy del arte y los artistas
Zúñiga García, José Francisco
Nietzsche divisó el nihilismo en la religión, la moral y la filosofía dentro del marco de las tradiciones griega y cristiana. Descubrió no sólo el aspecto negativo, sino también la afirmación de la vida y el aspecto favorable del nihilismo. Los últimos tiempos han sido determinantes para la aparición del nihilismo en el sentido positivo, la pérdida de la estima por los valores considerados primarios, el extravío del sentido de las cosas, la afirmación de la nada para darle paso a una nueva forma de ver la libertad. A partir de este momento, el pensador percibe que Occidente lleva consigo las consecuencias de su “aurora” al imponer la voluntad sobre el Ser en todos los ámbitos, incluyendo el arte. Ahora bien, el surgimiento de las apreciaciones estéticas de Nietzsche se remonta al fin su relación con Wagner; Nietzsche intuye pues que, tras su apariencia de verdad metafísica, el arte de Wagner es nihilista, debido a su decadencia y modernidad más que por su voluntad de poder. Éste proyecta el nihilismo de la religión, la moral y la filosofía occidental. Nietzsche distingue dos tipos de pesimismo, el de la “fortaleza” y el de la debilidad, esta última representa la decadencia europea moderna, el 
socratismo y la ciencia, propulsores de la muerte del arte. En su madurez, Nietzsche niega la metafísica y la moral, después de haber hallado el nihilismo en la ciencia, la dialéctica y la razón occidental. Considera que es el arte, y no la moral, la actividad metafísica del hombre, entendiéndolo como aquello detrás de todo acontecer, el arte es la justificación estética del mundo. De allí que niega la vida desde la perspectiva moral, pues defiende normas absolutas y niega el arte; a su vez, él afirma la vida misma, fundamentada en la apariencia, la óptica, el engaño y el error. El arte y su verdad están 
por encima de la ciencia. El artista desea manifestar aquello que está por encima de lo humano a partir de un modo no verdadero e imperfecto del arte, pues no busca la verdad, puesto que puede que la verdad, la metafísica, sólo sea vanidad de artista.
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<dc:date>2009-07-21T19:15:34Z</dc:date>
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<title>Filósofo-artista, metafísico-crítico de la cultura: dos aproximaciones a la interpretación de la relación Nietzsche Heidegger</title>
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<name>Alzuru, Pedro</name>
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<updated>2018-03-15T01:11:45Z</updated>
<published>2009-07-21T18:51:51Z</published>
<summary type="text">Filósofo-artista, metafísico-crítico de la cultura: dos aproximaciones a la interpretación de la relación Nietzsche Heidegger
Alzuru, Pedro
Considerado como un filósofo-artista, Nietzsche se debate entre la verdad de la reflexión filosófica y la ilusión y el error 
vital del artista. No obstante, para este pensador es más valioso el arte que la verdad al examinar la perspectiva cristiano - platónica, pues lo sensible se eleva sobre lo suprasensible y es más verdadero. Sin embargo, esta pretendida superación nietzscheana de la metafísica en la interpretación de Heidegger se resume a una inversión del platonismo, contrariamente a lo que Nietzsche expresa al referirse al arte en su función como el embellecimiento engañoso de la apariencia; de allí, el arte, como manifestación del mundo sensible, más que decir la verdad, funge de mentira optimista. La verdad nietzscheana se reviste del sentido trágico y pesimista de la existencia; más allá de una simple confrontación entre el mundo sensible e inteligible, Nietzsche no hace diferencia alguna entre los mundos aparente y verdadero. Precisamente para Heidegger, Nietzsche representa aquel pensador que se ubica al final de la metafísica, en él ha tenido lugar el olvido 
del ser; sin embargo, Heidegger se aparta de este camino al ver en Nietzsche aspectos tradicionalmente metafísicos (el ser, Dios, la libertad, el sujeto) y no netamente nietzscheanos (nihilismo, voluntad de poder, eterno retorno, superhombre, justicia, crítica, etc.), pero, por otro lado, hay rasgos comunes que comparten entre sí: la afinidad de filosofía y literatura, un discurso no tan estructurado científicamente, la reflexión sobre la historia de la cultura. Al mismo tiempo, confrontan en el pensamiento la rememoración heideggeriana a través de la metafísica y las “fiestas de la memoria” 
nietzscheanas, pues piensan el ser no como estructura sino como evento, el ser no es otra cosa que sus eventos.
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<dc:date>2009-07-21T18:51:51Z</dc:date>
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<title>Nietzsche y la música</title>
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<name>De los Reyes, David</name>
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<updated>2018-03-15T01:11:44Z</updated>
<published>2009-07-21T17:50:16Z</published>
<summary type="text">Nietzsche y la música
De los Reyes, David
En múltiples ocasiones, Nietzsche es visto más como un filósofo que como un artista, sin embargo, este pensador cultivó la música a la par que reflexionaba sobre el mundo, de hecho, proponía un renacimiento en el arte de oír la música del mundo a través de la filosofía. Nietzsche encontraba en la música el único lenguaje para expresar lo que las palabras no podían en la naturaleza. En su juventud, Nietzsche halló en la música de Wagner una identidad y el reflejo anímico e intelectual de su vida, pero poco después, se separó del maestro debido a la impronta neocatólica y antisionista en su ética y estética, lo que permitió que Nietzsche condujera su espíritu y pensamiento hacia su propia concepción estética. Por otro lado, el 
filósofo tenía claro que la música debía experimentarse tanto como una metafísica del ser como una reacción al absurdo de la existencia, es decir, más próxima a Dionisio que a Apolo. Es en este sentido en que Nietzsche vincula la música con la danza 
dionisiaca, pues es posible pensar tal como se aprende a bailar una danza, en otras palabras, bailar con las ideas y el discurso mediante el poder terapéutico y emocional del ritmo. De esta manera, presenta su artista dionisiaco, aquel que crea por encima de la moral convencional; el que es capaz de transgredir lo establecido como arte. Para él, el músico está por encima del resto de los artistas. De allí que la música y la filosofía deben ser cultivados por músicos filósofos que conozcan la tristeza de la más profunda felicidad.
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<dc:date>2009-07-21T17:50:16Z</dc:date>
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<title>Concepción estética de lo sagrado y de lo espiritual en el arte después “de la muerte de dios”</title>
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<name>Barrera, Claudia</name>
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<updated>2018-03-15T01:11:42Z</updated>
<published>2009-07-21T17:46:57Z</published>
<summary type="text">Concepción estética de lo sagrado y de lo espiritual en el arte después “de la muerte de dios”
Barrera, Claudia
A partir de la visión estética contemporánea, todo producto artístico alcanza su valor a través de un juicio. Más allá de esta crítica existen las dimensiones emocional, simbólica y expresiva de la obra. Pensadores como Nietzsche y Heidegger ponderan sus ideas en virtud de la afirmación de la vida y la existencia humana en el derrotero de nuevos valores espirituales a través del arte, tomando en cuenta dichas dimensiones, las cuales incitan la influencia de la obra de arte figurada en voluntad de poder. Esta voluntad permite la conjunción de características típicas del espíritu del hombre como la mitología, la religión y la realidad interpretadas en la imaginación y creatividad del mismo. La estética en sí misma tiende a rebasar los límites establecidos, manifestar el lenguaje del alma dentro de una atmósfera filosófica en la cual 
recrea su propia crítica. De acuerdo con “la muerte de Dios” difundida por Nietzsche, es posible inquirir sobre la representación y el contenido de la obra artística y, según Heidegger, en el momento en que la obra manifiesta un mundo sagrado, se abre el ente enalteciendo al hombre, los valores de la humanidad se exteriorizan en medio del vínculo establecido entre la creación y el ser-obra. En este sentido, la estética de la valoración permite evaluar el contenido de la obra, esta estimación remueve la voluntad de poder favoreciendo la aparición de nuevos valores (transvaloración) en virtud de la afirmación del devenir y lo múltiple que reduce la aniquilante influencia del nihilismo. En los tiempos de “la muerte de Dios”, el arte es el principal conector entre lo espiritual y lo material.
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<dc:date>2009-07-21T17:46:57Z</dc:date>
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<title>La concepción onto-histórica del lenguaje y la poesía</title>
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<name>Rodriguez, Agustin</name>
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<updated>2018-03-15T01:11:41Z</updated>
<published>2009-07-21T17:43:25Z</published>
<summary type="text">La concepción onto-histórica del lenguaje y la poesía
Rodriguez, Agustin
En su filosofía del Ereignis (apropiación mutua de hombre y Ser), Heidegger piensa Ser y lenguaje en íntima conexión. La patencia del Ser acontece ineludiblemente en el lenguaje; pero también, la esencia del lenguaje en la esencia del Ser. En virtud del lenguaje, el hombre es el testigo del Ser. En la comprensión de esto, es decisivo tener presente que la esencia del lenguaje no es una posesión del hombre, sino más bien lo es éste de aquella. El hombre es arrobado por el Ser que acontece (geschieht) en el lenguaje y es así sostenido por él en su carácter histórico (geshichtlich). No sólo el hombre 
posee este carácter, sino también el Ser y el lenguaje mismos. El lenguaje en su carácter histórico fundamental ha de ser determinado a partir de la poesía, toda vez que ella constituye el acontecimiento extraordinario del lenguaje. A partir de la poesía de Hölderlin es visible la doble peligrosidad del lenguaje, como su determinación esencial más alta: I) El peligro de la cercanía más alta de los dioses y, con ello, la aniquilación excesiva por ellos. II) El peligro de alejarse hacia la habladuría desgastada y su apariencia. El lenguaje es determinado más precisamente aún como diálogo; en conexión con el diálogo se encuentra el fenómeno del silencio, que pertenece al fenómeno no-humano de la gran calma (die grosse Stille), llamada también por Heidegger en su obra tardía el campanilleo de la calma (das Ge-läut der Stille). Con esta expresión designa la esencia originaria del lenguaje.
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<dc:date>2009-07-21T17:43:25Z</dc:date>
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<title>Nietzsche y Heidegger — sobre el problema del nihilismo</title>
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<author>
<name>Rosales, Alberto</name>
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<updated>2018-03-15T01:11:40Z</updated>
<published>2009-07-21T17:39:52Z</published>
<summary type="text">Nietzsche y Heidegger — sobre el problema del nihilismo
Rosales, Alberto
El nihilismo se concibe básicamente como la pérdida de la convicción del sentido del mundo y de la existencia del hombre en él. Este fenómeno se puede entender de dos maneras, la pesimista, entendida como desesperación por no haber certeza de la 
finalidad del mundo declinando en decadencia; la optimista, entendida como la liberación de los vínculos tradicionales al superar los prejuicios que establecen sin que necesariamente el hombre sea conciente del cambio histórico que ello implica. Según Nietzsche, el nihilismo se evidencia como la mengua de los valores más preciados del hombre europeo respecto de su vida y el mundo. En este sentido, considera también la vida como voluntad de poder, como apreciable y válido a todo aquello que hace posible y acrecienta su poder. De allí que el nihilismo permite rescatar y afirmar la positividad del mundo; lo que hace posible que el hombre mismo llegue a ser superhombre, gracias a nuevos valores como el ser y el bien que se convierten entonces en el poder del hombre sobre sí mismo y sobre el mundo. La superación del nihilismo consistiría, en la inversión del orden metafísico, la posible superación del nihilismo sostiene la carencia de sentido trascendente, y a la vez le otorga 
un sentido positivo: la voluntad de poder representada en el superhombre. Ahora bien, para Heidegger la compleja condición del hombre en su olvido del Ser es el nihilismo. El mismo se caracteriza porque el hombre se aplica a los entes y cree que el Ser es nada. Heidegger atisba que una característica de la metafísica tradicional se asienta en que el hombre comprende ciertamente al Ser, y puede por ello volverse y atraerse en los entes, olvidando al Ser en cuanto tal. Pero el Ser mismo se revela al hombre de tal forma que deja a los entes a ser objetos del quehacer humano y deja al hombre a la suerte de esos 
entes. Al yacer en este abandono y olvido, el hombre puede pensar que él mismo es el origen de la verdad, mediante la subjetividad racional que muda a los entes en tanto objetos y que los usa como aparejos del hombre.
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<dc:date>2009-07-21T17:39:52Z</dc:date>
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<title>La comprensible incomprensión de Soto</title>
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<name>Arvelo Ramos, Alberto</name>
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<updated>2018-03-15T01:11:39Z</updated>
<published>2009-07-21T17:35:36Z</published>
<summary type="text">La comprensible incomprensión de Soto
Arvelo Ramos, Alberto
La obra de arte es ante todo una impronta que queda estampada en el espíritu, pero también es un objeto que se puede poner en el tapiz del intelecto y del análisis. Pero con Soto es distinto, su obra invita al observador a construir los movimientos de su objeto artístico, incluso el crítico entra en juego con su dinámica visual sin lograr embalsamarlo. Su producto artístico es una revolución cuya teoría, ontología y, si se quiere, metafísica todavía está en espera, pues no hay instrumentos críticos para su propia construcción. La intuición, el conocer antes de conocer, la nostalgia del futuro 
conforman una comprensión racional del proceso creativo. En ese camino de la creación, el paso de la intuición a la 
compresión conceptual no es posible, pues el arte es el origen tanto de la obra de arte como del artista. El arte es una abstracción, es intangible, no es una propiedad de la obra de arte, sino la cosa en sí misma, convirtiéndose en referencia del propio artista. Establece una relación particular entre el hombre con lo material, es el lugar en donde lo que es se muestra en su verdad. En este sentido, la estética y la ciencia muestran una realidad, pues la naturaleza de la obra de arte es la verdad y, a su vez, la ciencia tiene ese objeto para sí. Soto es un caminante de este derrotero, la creación a partir de un vacío histórico indefinido, donde se percibe la ausencia de una realidad posible.
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<dc:date>2009-07-21T17:35:36Z</dc:date>
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<title>Editorial</title>
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<updated>2018-03-15T01:11:37Z</updated>
<published>2009-07-21T17:32:08Z</published>
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